Autor de la pág

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Mi nombre es Leobet García López.
Soy un joven cubano, hace tres años resido en Madrid.Escribo poesía desde muy temprana edad. Tengo 37 años y dos libros publicados por la editorial bubok.También he publicado en la antología "ECLIPSE DE LUNA" y junto a otros poetas reconocidos,en el libro "CON ACENTOS" editado por la editorial "CASA CHILE".Soy ferviente admirador de la poesía en general pero mi estilo preferido es el erótico.Quiero a través de esta página compartir con todos los poetas y poetisas,murmullos de fuego y pasión desbordados desde los rincones inexplorados del alma.

BIENVENID@S.
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Rincón donde el alma vuela sobre el fuego feroz de los poemas.Espacio para poblar la hoja blanca en metáforas sedientas de piel.Poesías para amar y hacer el amor en la simple conjugación de los verbos.

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"El sexo es una democracia:goza tanto el que está arriba,
como el que está abajo"

CUENTOS ERÓTICOS

LAILA Y EL VAMPIRO
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No fue hasta que limpié el último rastro de sangre de mi estómago que sentí el peso de la mirada de él.Cuando levanté la vista vi que sus ojos habían adquirido un cierto tono verde y estaban clavados en mí.
- ¡Eh!- retrocedí unos centímetros en el sofá -. ¡La cena no está servida! No te enciendas por la visión de la sangre.
- ¿Crees que la sangre tiene algo que ver con la forma en que te estoy mirando en estos momentos?
La voz del vampiro tenía un timbre extraño.Estaba cargada de palabras no dichas.
Laila se esforzó para no mostrar ninguna reacción,pero su corazón se había acelerado,y no era por el miedo.
- Ojos verdes,colmillos dominantes...yo diría que es todo bastante incriminatorio.
- ¿Ah,sí?- El vampiro se sentó y apartó la palangana -.Por lo visto se me pasó por alto informarte de que otra cosa nos causa esta reacción,pero te daré una pista...,no es la sangre.
"¡Oh!"Laila soltó un respingo.
- Teniendo en cuenta lo que ocurrió el fin de semana pasado,la verdad es que no tengo nada que todavía no hayas visto y dudo que verme en sostenes te haga arder de deseo.
- Mírame,gatita -declaró él con rotundidad.
Laila parpadeo.
- Ya te estoy mirando.
- No,no lo haces.-El vampiro se acercó a ella y ahora sus ojos eran totalmente verdes-.Miras a través de mi como si yo no estuviera.Me miras...,pero no vez a un hombre.Vez a un vampiro y,por lo tanto,me confieres menos sustancia.Una de las pocas excepciones a esta forma de mirarme fue el fin de semana pasado.te abracé,te besé y vi que tus ojos se encendían de deseo.Entonces supe que,por primera vez,me estabas viendo por lo que realmente soy y no como un corazón sin latidos envuelto en un cuerpo.
- Te reto a que vuelvas a mirarme de esa forma.Ahora,sin la posibilidad de esconderte tras la excusa de las drogas.Te quiero.Una leve sonrisa curvó los labios del vampiro mientras hacia esta afirmación.- Te quiero desde que te conocí, y si crees que estar sentada a mi lado en sostenes no me hace arder de deseo,estás muy equivocada.Lo que ocurre es que no me impongo a nadie si no me invita.
Durante unos segundos Laila se quedó atónita,sin palabras.Aquella noche habían ocurrido tantas cosas que a su cerebro le costaba procesarlo todo.Miró al vampiro y sintió como unas escamas cayeron de los ojos,porque de repente,lo vio de verdad.Sus pómulos altos,sus cejas marrón oscuro enmarcaban unos ojos que ahora eran color esmeralda,su boca curvada,su nariz recta y su mandíbula que parecía tallada en mármol.Una piel clara,casi translúcida,cubría sus facciones y envolvía de una forma tersa su cuerpo musculoso y torneado.Sus manos elegantes,de dedos largos y estrechos.¡Cielos,que guapo era!Absoluta e increíblemente guapo,y ahora que le había permitido darse cuenta de su atractivo,no podía dejar de contemplarlo.

-Bésame-Dijo Laila sin pensar y se dio cuenta que hacia rato estaba deseándolo en secreto.El vampiro se inclinó hacia ella y sus labios se posaron suavemente en los de ella.Con dulzura.Concediéndole en todo momento la posibilidad de poder cambiar de idea y apartarlo,pero no lo hizo.Laila rodeo su cuello y lo acercó más a ella.Él deslizó su lengua por sus labios hasta que ella los entreabrió.Él acarició su lengua con la suya durante unos instantes y luego la retiró,provocadoramente.Repitió la caricia una vez y otra,y otra.Persuadiéndola, incitándola.Al final,laila introdujo la lengua en su boca,y sintió el roce de la respuesta y después la increíble sensualidad de cómo la succionaba.
Laila no pudo evitarlo y lanzó un gemido.El roce de sus incisivos debería haberla preocupado,pero no lo hizo.A él tampoco lo retuvieron porque la besó con la misma pasión que el fin de semana anterior.Los sentidos de Laila se encendieron,y deslizó una mano desde el cuello de él hasta la parte frontal de la camisa.Uno a uno,desabrochó los botones.Cuando la camisa se abrió,deslizo las palmas de las manos por su piel desnuda y ¡oh,Dios!,su tacto era increíble como su aspecto hacía suponer.Como si fuera de seda tensada sobre acero.El vampiro subió una de sus manos hasta la nuca de ella y tiró del cuello de la camisa para quitársela.La camisa cayó al suelo.En ningún momento dejó de besarla,hasta que sus cuerpos quedaron pegados el uno al otro.
Sus labios bajaron por el cuello de ella hasta encontrar el punto que latía con su pulso.Él lo introdujo en la boca y manipuló su arteria vulnerable con su lengua y sus labios.Esa era la posición más peligrosa en la que se podía estar con un vampiro,pero ella no tenía miedo.Al contrario,sentía como succionaba su cuello y se excitaba enormemente.Las oleadas de calor que recorrieron el cuerpo de Laila hicieron que temblara.
El vampiro subió los labios hasta su oreja y lamió antes de susurrar en ella:
-¡Te quiero tanto!Dime que me quieres.Dime que sí.
Negarlo sería una mentira obvia-pensó ella-
-¡Sí!
En cuanto la afirmación salió de su boca,el vampiro volvió a besarla,la tomó en brazos y la llevó a la habitación.La tumbó en la cama y el colchón cedió bajo el peso de los dos.Con un solo movimiento el vampiro le desabrocho el sujetador,lo sacó y cogió sus pechos con las manos.Después,bajó su boca hasta uno de los pezones y succionó con fuerza.Una oleada de puro deseo sacudió la entrepierna de Laila.Él masajeó con suavidad su otro pecho y frotó el pezón con sus dedos.Laila arqueó la espalda y le cogió la cabeza.Las sensaciones que experimentaba eran abrumadoras,las succiones que él practicaba con la boca,el roce de sus dientes...
Legó a un punto en el que creyó que iba a desmayarse.
El vampiro le desabrochó los pantalones y tiró de ellos hasta sacárselos completos,de modo que ella quedó solo con las bragas puestas.Deslizó la mano por encima de ellas y presionó.La fricción del algodón y de sus dedos hizo que soltará un grito al verla desnuda.
-¡Oh,gatita,eres tan hermosa!Deliciosa.
Inhaló aire y la besó con tal frenesí que la cabeza de ella dio vueltas.Volvió a bajar la boca hasta sus pechos tirando de uno y otro pezón mientras con la otra mano buscaba su sexo desesperadamente.Sus dedos le acariciaron con verdadero dominio,como si ella le hubiera contado sus secretos.Laila se mordió los labios para contener los gritos,cuando él trazó círculos con el pulgar sobre el clítoris e introdujo uno de sus largos dedos en su interior.Laila se hecho a temblar presa de un deseo incontenible.
El vampiro se detuvo y Laila soltó un ronco gruñido de protesta.Apartó la mano de su sexo,separó la boca de los pechos y bajó los labios hacia su estómago.Hasta que no hubo descendido más allá del ombligo,ella no se dio cuenta de cuales eran sus intenciones.
-¡espera-,jadeo impactada.
Él se detuvo de inmediato,con la boca en su barriga.
-¿Quieres que me detenga?-preguntó.
Laila se sonrojó sin poder expresar su objeción.
-Bueno,no que pares del todo,sólo que...,bueno,que no creo que sea apropiado...Él soltó una especie de bufido.
-Yo si creo que es apropiado-murmuró volviendo a acariciar su piel con los labios.
Cuando Laila notó el primer roce de la lengua de él,su mente se quedó literalmente en blanco.Él le sondeó el sexo con un lametón lento y largo dejando un rastro de carne ardiente a su paso.después de otra caricia húmeda.y otra,ésta más profunda,el pudor de Laila desapareció entre ráfagas de puro ardor.Él separó más las piernas de ella y las levantó hasta colocarlas sobre sus hombros sin dejar en ningún momento,de recorrer y sondear la suave y sonrosada carne de su entrepierna.
Laila no podía pedirle que esperara porque no podía hablar.Unos gemidos que no reconocía como suyos surgieron de ella con un volumen creciente y unos espasmos subieron por su cuerpo haciendo que se encogiera y estirara alternativamente.Se estremeció,debajo del vampiro mientras sentía como exploraba todos sus rincones con una intimidad impactante.Sus caderas se arqueaban sin que ella pudiera hacer nada al respecto un doloroso vacío creció en su interior con cada caricia de la lengua.Estaba llegando a un límite que nunca ella había conocido.El vampiro aumento aumentó la presión y la intensidad y,cuando al final su boca se colocó en su clítoris y succionó,Laila soltó un grito ensordecedor.
Unas ráfagas de éxtasis brotaron de ella desplazándose desde el sexo a las extremidades,como si fueran descargas eléctricas.Llego a pensar que su corazón acabaría explotando.Poco a poco su respiración se iba haciendo más regular.El anterior fuego fue remplazado ,de repente,por algo cálido y eufórico que se extendía por su cuerpo logrando que los ojos se le abrieran llenos de sorpresas.
El vampiro subió por su estómago,y cogió su cara entre las manos.
-nunca te había visto tan guapa gatita-declaró con una voz vibrante de pasión.
El cuerpo de Laila todavía se sacudía con temblores residuales y sabía que ahora llegaba la parte que más ella temía,el vampiro se colocó entre sus piernas y ella se puso en tensión.
-no tengas miedo-susurró él y,a continuación la beso.Durante una fracción de segundo,ella se sintió avergonzada al pensar lo que él acababa de hacer.Después encontró que el nuevo sabor salado de su boca era provocativamente estimulante.la lengua de él se entrelazó con la de ella mientras frotaba su miembro duro contra su rendija húmeda.laila se estremeció,pero él solo se deslizo por la parte exterior de su sexo,se apartó,y volvió a deslizarse de la misma forma.Y una vez más.
El vampiro ajustó las caricias de su lengua con las de su cuerpo haciendo que Laila volviera a sentir el mismo deseo de antes pero con mayor intensidad.
-Dime cuando-gimió él.
Entonces arqueó las caderas y ella soltó otro grito.El corazón le latía esta vez con demasiado nerviosismo pero solo había una respuesta posible.
-¡Ahora!
El vampiro le dio un beso que la dejó aturdida y se apoyó en sus brazos.La sensación de su dura carne hundiéndose en la de ella la hizo jadear.Unos estremecimientos recorrieron el interior de Laila mientras él avanzaba poco a poco,y ella hundía la cara en su cuello y empezaba a temblar.Él penetró más y una sensación de plenitud increíble se extendió por el cuerpo de ella.Cuando él estuvo completamente de ella,se quedó quieto suspiró,cerró los ojos antes de mirarla.
-¿Estás bien cariño?
El hecho de que la mirara a los ojos mientras estaba dentro de ella,era para Laila un acto sumamente íntimo que nunca antes había expèrimentado.solo podía asentir con la cabeza,pues hablar estaba ahora fuera de su alcance.el vampiro se movió en su interior,retiró un poco su miembro y volvió a introducirlo por completo.El inesperado placer que ella sintió hizo que contuviera el aliento.Él repitió el movimiento,pero esta vez más profundamente antes de que ella recobrara nuevamente el aliento.El vampiro salió de su interior y volvió a penetrarla con un balanceo de sus caderas.Un gemido brotó de la garganta de ella,su cuerpo se cubrió de sudor y un deseo primario y acuciante se apodero de sus gestos rupestres.El vampiro acomodó la palma de su mano bajo la espalda de Laila y la fue bajando hasta situarla en sus caderas.La apretó contra su cuerpo y la froto para que los movimientos de ambos coincidieran.Laila enseguida cogió el ritmo,y el nuevo y intensificado contacto con el cuerpo de él, hizo que la cabeza le diera vueltas a causa de la exitación.
-Más…gritaba Laila…más por favor…más.
El vampiro soltó un gemido casi ronco que era como un gruñido y aumentó el ritmo.Las manos de Laila que hasta entonces no habían bajado más que de su espalda,se deslizaron ansiosas hasta agarrar las caderas de él.Sus dedos se hundieron en las nalgas duras de él sin preocuparse de si era apropiado o no.
-¿Más fuerte quieres gatita?
-¡Cielos,sí,sí!murmuro ella sin importarle como sonaba lo que acaba de decir.
El vampiro abandonó su autodominio con un alivio evidente.Sus caderas se hundieron entre las piernas de ella con salvajismo que le producía a Laila un placer indescriptible.Los gritos que había contenido surgieron como ráfagas rítmicas que animaron al vampiro.cuando ya ella no podía soportar más intensidad,él acelero el ritmo penetrándola de una forma que podía haberse considerado despiadada a no ser porque a ella le encantaba.nunca antes Laila había sido consciente de su piel,su respiración y de la sangre que corría por sus venas.Antes de que su último nervio tenso de su cuerpo estallara,él cogió su cara entre sus manos y la miró directamente a los ojos.Un grito brotó de la boca de Laila cuando la explosión húmeda y la avalancha del orgasmo inundaron su cuerpo.En esta ocasión,el clímax fue más intenso,de algún modo más profundo,y dejó tras de sí un hormigueo pulsante en toda su piel.El vampiro gimió,su cara se transfiguró de puro éxtasis y la penetró con más rapidez con los ojos fijos en los de ella.Laila no podía apartar la mirada mientras contemplaba,en sus ojos ahora verdes como se desplomaba su autodominio.El vampiro se rindió a la pasión y después de abrazarla y besarla apasionadamente,se quedó temblando durante unos instantes.
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ÉXTASIS DE UNA BRUJA
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Aquel tipo de magia le resultaba fascinante. Sentía que tenía el control,
Que era poderosa; muy distinto de lo que había sentido al huir del licántropo, o mientras los soldados la encerraban en el búnker a punta de pistola.
Le quitó las botas y luego le bajo despacio la cremallera de los pantalones, dejando a la vista la gran erección que se escondía debajo. Podía sentir cómo su cuerpo se estremecía, expectante, y como de su pecho escapaban leves gruñidos de placer.
Tiró suavemente de los pantalones hacia abajo y, al hacerlo, le rozó la entrepierna con el pelo, a lo que el licántropo respondió con un gemido.

Cuando estuvo completamente desnudo, la bruja empezó a acariciarle la piel con movimientos firmes, tal como había visto hacer a algunas de sus compañeras brujas cuando querían sanar a alguien. Sus manos se calentaban sobre cada una de las heridas y balas que aún quedaban en su interior. Cerró los ojos y se dejó llevar por aquella extraña sensación, la piel recuperaba su estado original.
Mientras lo atendía, exploró su nueva forma, familiarizándose con aquel ser que le era tan desconocido. Sin la rabia, sin la sangre… le parecía que podía dominarlo. Siguió acariciándolo y se sorprendió al descubrir que las formas de la bestia la excitaban.
Sus espléndidos músculos y su enorme figura eran aún más imponentes, pero a pesar de los cambios que se habían producido en su cuerpo, su piel seguía siendo la misma.

Deslizó las manos suavemente bajo el cuerpo del licántropo y descubrió heridas de bala en la espalda y en la parte trasera del muslo. Al tocar su firme cuerpo, notó los labios de la bestia en su cuello, sus colmillos mordisqueándole levemente la piel, y de pronto fue consciente de que tenía a un hombre lobo en su forma ya humana, desnudo, atrapado bajo el poder de su magia. Podía hacer con él lo que quisiera. Y fue entonces, en aquel preciso instante, cuando la bruja supo con certeza cuan poderosa era. De algún modo, iba a poseer a aquel hombre… por completo.

- No huirá de mí – pensó el licántropo con alivio, aun cuando el deseo de poseerla, la necesidad de marcar su cuerpo, era más intensa por momentos. Intentó liberarse de su presa, a pesar de que en aquella postura la bruja podía estudiarlo, explorar su cuerpo, y seguramente, perder el miedo.
- - ¿No te doy asco?
- - No, si no estás empapado se sangre y no tienes los colmillos chorreantes de ella – respondió la bruja, impasible, mientras le frotaba la piel con aquellas manos tan suaves -. No voy a mentirte. Al principio me he asustado, y no sabes cuánto, pero creo que me voy acostumbrando a ti.
- - ¿A pesar de mi aspecto? ¿Después de haber matado?
Ella asintió.
- El mundo es un lugar mejor sin esos hombres – contesto la bruja -. ¿Te molesta esto que te estoy haciendo?
- Parecía preocupada por su comodidad y, aunque él ya no sentía el dolor punzante de las heridas, la bruja no dejaba de acariciarlo ¿Por qué?
- De pronto, percibió el delicioso aroma de la excitación femenina y todos los músculos de su cuerpo se pusieron tensos.
- - ¡Libérame!
- No, no puedo – explicó la bruja -.Y no pienso hacerlo. Deja que yo me ocupe.
- - Entonces desnúdate tú también.
La bruja obedeció. Apartó las manos de él y se quitó la camiseta empapada de lluvia, aunque vaciló al llegar al sujetador. Con un gesto de la cabellera, él le indicó que siguiera y ella dejó finalmente al descubierto la suavidad de sus curvas y la cremosidad de su piel. – Podría perderme en unos pechos como esos – pensó el licántropo. Sus pezones eran dos rubís de un color tan intenso como el de sus labios, tan atractivos, que se sentía a punto de perder la cabeza por sentir el dulce sabor de su néctar en la boca.

- Quítatelo todo. – la observó extasiado, siguiendo cada uno de sus movimientos mientras la bruja se desnudaba, preguntándose qué sentiría al rozar con la lengua aquella piel tan arrebatadoramente bella. Cuando finalmente estuvo desnuda, las manos de la bruja le masajearon de nuevo el cuerpo y sus pechos de deslizaron despacio sobre su torso, hasta que él sintió como si estuviera acariciando todo su cuerpo al mismo tiempo.
- ¿Qué… qué me estás haciendo?
- No lo sé – respondió, con una voz más propia de una sirena -. Simplemente está pasando.
- Voy a volverme loco… loco… Me siento tan bien…
- Las palabras murieron en su garganta al ver que la bruja se arrodillaba frente a él. La observó reteniendo el aliento mientras ella sujetaba su miembro entre las manos y lo acariciaba con la suave piel de sus mejillas.- Debe ser… un sueño – Aquello no podía ser real.
La bruja parecía salida de un cuento y sus ojos estaban llenos de deseo.
Notó la suave caricia de su aliento sobre la piel y un segundo después el cálido tacto de su lengua. Gritó con todas sus fuerzas, tratando de liberarse de la magia invisible que lo sujetaba contra él árbol, deseando sentir el beso dulce y envolvente de sus húmedos labios color carmín.
Al notar el sabor salado en la lengua, la bruja se puso hambrienta y excitada hasta el extremo de la agonía. Él licántropo la observaba desde arriba, intentando memorizar hasta el detallo más insignificante de lo que estaba sucediendo frente a sus ojos. Tenía un cuerpo tan sensible. Al recorrer la longitud de su miembro con la lengua, desde el glande hasta la base, soltó una ristra de improperios capaces de hacer sonrojar al más aguerrido marinero, y el tacto húmedo sobre la delicada piel de los testículos basto para dejarlo sin respiración. La bruja deslizó lentamente la hermosa cabeza del sexo de él dentro de su boca y él empezó a temblar, mientras los músculos de su pecho se tensaban hasta lo imposible, La carne palpitó entre sus labios, y la bruja no pudo reprimir un gemido de placer.

No podía abarcar tanta masculinidad en toda su envergadura, de modo que utilizó la mano para acariciarlo. Sintió cómo su miembro se hinchaba entre sus dedos y su propio cuerpo respondió a la llamada de deseo que sentía por él. El licántropo estaba al borde del clímax, arqueando las caderas al ritmo de las caricias y adentrándose aún más en las profundidades de su boca.
- Así no – murmuro él entre dientes -. Necesito estar dentro de ti.

Estaba dispuesta a cubrirlo de besos toda la noche si era necesario, pero también ella deseaba sentirlo en su interior, Le hizo una última caricia y luego se levantó. Dada la situación, la bruja debatió consigo misma la mejor manera de hacerlo. Finalmente, puso las manos sobre los hombros del licántropo y lo empujó hacia abajo para que se arrodillara con ella. Él obedeció, deslizando los brazos a lo largo del tronco. Seguía atrapado por el poder de la bruja. Entonces, la bruja inclinó la cabeza a un lado y lo ayudó a separar las rodillas para que pudiese acercarse más al suelo. Cuando ambos estuvieron a la misma altura, la bruja se dio la vuelta y retrocedió hasta que su sexo descansó contra el miembro erecto del licántropo.

- Dentro de ti. – La cercanía parecía atormentarlo -. Acércate más.

La bruja apoyó la espalda contra el pecho del licántropo y, girando la cabeza, le cubrió el cuello de besos.

- Quiero estar lista para ti. Ten paciencia…
- ¡Lo intento, maldita sea!

La bruja le cogió una mano y se acarició los pechos con ella mientras le llevaba la otra hacia abajo, más allá del ombligo, del que sobresalía el piercing que tan excitante le resultaba al licántropo. Cuando finalmente la detuvo entre sus piernas, al abarcar por completo la calidez de su sexo, el licántropo no pudo evitar un grito ensordecedor de placer. Dulce frustración, sentir la humedad de su vagina y no poder llevar hacia allí su lengua, o meterse entre sus piernas.
La bruja deslizó un dedo del licántropo entre sus pliegues. Gimió y él se movía contra sus mejillas y su cuello, empapados de sudor.
Otro dedo. Tortura.

- Estás tan tensa.
Rugió su agonía, a punto de perder el control. Sentía un latido casi doloroso entre las piernas, al ritmo enloquecido de su corazón.

- ¡Dentro de ti! ¡Ahora!

La bruja asintió tímidamente. Retiró la mano de entre sus piernas y la deslizó hasta los pechos, junto con la otra. Luego se apretó aún más contra él y empezó a deslizar la punta del enorme pene en su interior. El licántropo podía sentir las vibraciones de su cuerpo, su suave temblor mientras intentaba acogerlo en toda su envergadura; sentía sus violentos jadeos y se enloquecía con sus gritos desesperados de dolor y placer.

- Más adentro – pidió -. Más.
Pero la bruja no podía.

- Oh, Dioses… - La bruja estaba casi sin respiración, y no dejaba de mover las caderas contra el cuerpo del licántropo. Gritaba, se retorcía, imploraba y él impotente por no poder deshacerse de la magia de la bruja que lo mantenía atado al árbol. De pronto dejo de llover y se levanto una suave brisa. Las nubes que cubrían el cielo se dispersaron y la luz de la luna, pálida y delicada, se coló entre las ramas de los árboles.
Él sintió cómo le calentaba la piel, incluso entre las piernas, a la espera aún de probar las mieles que se escondían entre los muslos de la bruja. Observo extasiado cómo la suave luz bañaba la piel perfecta de su compañera, desde los hombros, de un blanco marmóreo, hasta el tatuaje que brillaba en la base de su espalda; sobre las curvas perfectas de sus nalgas mientras ella se balanceaba encima de él.

- Quiero tener tu sabor en mis labios.
La bruja se acarició con los dedos y luego los llevó hasta la boca del licántropo, que los aceptó gustoso y anhelante. Lamió y chupó con avidez, gimiendo de placer al notar cada uno de los deliciosos matices.

- ¡Hay Dios mío no puedo esperar más! – Las palabras murieron en su garganta y la bruja aúllo de placer, su cuerpo sacudido por el clímax más intenso que jamás hubiese experimentado. Él estaba lo bastante dentro de ella como para sentir la firmeza de su cuerpo alrededor de su miembro, la forma en que la bruja exigía lo que él tanto ansiaba dar.
De pronto, una ola de placer inundó sus sentidos. Volvió la cabeza hacia la luna u aulló. No había podido penetrarla del todo, pero si lo suficiente como para llenarla con su masculinidad.
Su orgasmo proseguía aún cuando el influjo de la luna se apoderó de él y le dio las fuerzas necesarias.

Cuando el licántropo echó la cabeza hacia atrás, la bruja sintió la vibración de su rugido expandiéndose desde las profundidades de su pecho hasta el último rincón de la jungla. La luna atravesó las copas de los árboles con su luz plateada e irreal y, de pronto, lo supo; supo que el licántropo era demasiado poderoso en aquel estado como para ser contenido por ningún tipo de magia que ella fuese capaz de conjurar. Y a pesar de que acababa de alcanzar el clímax, seguía firme y rígido en el interior de su cuerpo, con los músculos tan tensos como antes.
La bruja deseaba intensidad, ferocidad incluso. Cerró los ojos y se preparó para lo que estaba a punto de suceder. Estaba cerca de conseguirlo. Unos segundos más tarde, el licántropo rompió las ataduras invisibles que lo unían al tronco del árbol y la empujó hasta hacerla caer de rodillas. Luego, la sujetó por la nuca y la obligó a bajarse contra el suelo, con la grupa levantada.
Sin dejar de sujetarla firmemente, el licántropo deslizó su miembro dentro de ella, centímetro a centímetro, hasta hacerla gemir y gritar desesperadamente de dolor y placer. Cuando la bruja creía que ya no podría acoger en su interior ni un milímetro más, el inició unas pequeñas embestidas, moviendo las caderas sin cesar introduciéndose aún más. La bruja gateo hasta el tronco del árbol tratando de huir de su ferocidad pero era imposible escapar de sus fuertes manos y de la grandeza de su miembro cercenando su interior abierto hasta lo inimaginable. Aulló, grito, imploró, desesperada volteaba la cabeza y le rogaba con ojos espantados más allá del asombro.

De algún modo, consiguió controlarse hasta que la bruja fue acostumbrándose al tamaño de su pene. Sin embargo, cuando la oyó pedir más deslizó los brazos alrededor de su cintura y arremetió una única vez.
- ¡Oh, dioses!- exclamó ella-. Hazlo otra vez.
Él obedeció, una y otra vez, hasta que los dientes de la bruja empezaron a castañear a causa de la fuerza del impulso y de la locura y desesperación del placer y del dolor provocado en la inmensidad de su sexo. Aún así le encantaba, le gustaba la firmeza de los movimientos del licántropo, la extraña cadencia de su voz, áspera, salvaje, susurrándole al oído.

- Estás tan caliente, tan mojada. Me gustaría quedarme dentro de ti para siempre.
La bruja le acarició los testículos por entre las piernas y el licántropo gimió agradecido. No obstante, un segundo después le apartó la mano.

- Así vas hacer que pierda el control bruja… antes de estar preparado –
Le sujetó ambas muñecas y se las retuvo detrás de espalda-. No dejaré que esto termine tan pronto, mi pequeña compañera.

Era la primera vez que la llamaba compañera. Si finalmente la había aceptado por completo, ella sabía que la noche solo podía acabar de una manera, y que ella solo podía rendirse a la fuerza de la bestia que tenía detrás.
Él la cogió por los brazos y la levanto mientras proseguía el ritmo frenético de las embestidas. Los pechos de la bruja temblaban con cada movimiento y su piel estaba cubierta por una fina capa de sudor que la brisa acariciaba suavemente.
“ Nunca pensé que pudiera sentir tanto placer”. Pensaba la bruja.

Intentó liberarse para tocar su cuerpo, pero el licántropo la sujetaba con fuerza.
- tengo que… marcarte. Para que seas mía.
Temía la llegada del mordisco, pero en aquel preciso instante no había nada que no estuviese dispuesta a entregarle con gusto.
- ¡Sí, hazlo!
El licántropo tomó aire y su pene palpitó dentro de ella, como si anticipara lo que estaba a punto de suceder.
- Nada podría darme más placer.
También ella temblaba de emoción. ¿Sentiría dolor?
¿Lloraría?. No importaba, puesto que ya no había vuelta atrás.
Había decidido vivir la experiencia hasta sus últimas consecuencias y aquel era un paso que no podía evitar. El licántropo se inclinó sobre ella, llevo la boca entre su cuello y su hombro y gruñó, alarmándola y haciéndola estremecer. Sintió el roce de su lengua. De pronto sus colmillos le atravesaron la piel. Grito de dolor y a causa del intenso orgasmo que experimentó de golpe. Con total abandono, arqueó la espalda hacia él, separó las rodillas y movió las caderas, suplicando más.
Con los colmillos hundidos en su cuello, el licántropo continuó arremetiendo sin tregua, reacio al parecer a soltarla ahora que había conseguido lo que tanto ansiaba.
Justo cuando la bruja pensaba que ya no podría soportarlo más, con un resoplido brutal, liberó su esencia en su interior con la fuerza de un animal enloquecido.
Se desplomó encima de ella, moviéndose aún lentamente, como si saboreara la húmeda unión de sus dos cuerpos.
- Nunca te dejaré marcar – dijo el licántropo.
- Y quién te dijo que yo me marcharía- respondió la bruja acariciando el rostro agitado pero radiante de placer del licántropo.
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